Freddy Fortich Vásquez, productor audiovisual antioqueño, estuvo en VERTOV 2026 hablando de la ruta que obligatoriamente debe seguir un cortometraje de ficción.
Radioman y Medianoche nacieron de experiencias distintas, pero comparten el desafío de convertir una idea en una producción audiovisual.
CINTHYA FERNANDEZ TORRES
CARIBE 365
SEMILLERO DE PERIODISMO DE UNIBAC
Cartagena de Indias, 24 octubre de 2026.Hacer un cortometraje no consiste solamente en grabar una historia. Antes de llegar a la pantalla, una idea debe convertirse en un proyecto, encontrar financiación, organizar un equipo, superar las dificultades del rodaje y abrirse camino entre festivales y plataformas. Ese fue uno de los aprendizajes centrales de la conversación sobre la ruta de un cortometraje de ficción, que se llevó a cabo durante la edición número doce del Festival Audiovisual y de Video Experimental VERTOV.
Freddy Fortich Vásquez, productor audiovisual antioqueño, compartió sus experiencias detrás de dos de sus cortometrajes, Radioman y Medianoche, y destacó que las historias pueden nacer de recuerdos, encuentros cotidianos o relatos familiares. “Radioman surgió después de una conversación con un taxista, durante un regreso a Cartagena tras un corto tiempo en Medellín”, dijo.
La idea tomó forma durante su viaje en medio de canciones y un momento de diversión y el primer borrador fue escrito de una sola vez. En cambio, Medianoche tuvo su origen en las historias que el abuelo materno del realizador contaba sobre apariciones y sucesos extraños en su pueblo. Él las escuchaba desde los doce años; con el tiempo, aquel recuerdo se convirtió primero en un relato y luego en un proyecto audiovisual.
Con la la idea surgen los verdaderos retos
Tener una historia no garantiza que pueda filmarse. Para llevarla a producción es necesario preparar una propuesta que explique qué se quiere contar y cómo se hará. En ese proceso resultan importantes el pitch, el dossier —que puede incluir sinopsis y propuesta de dirección— y un teaser que ayude a presentar el proyecto. También se deben buscar distintas formas de financiación, como las convocatorias del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), las coproducciones, los apoyos institucionales, el crowdfunding y la participación en laboratorios o festivales que acompañan el desarrollo de proyectos.
La producción es otra prueba. Según lo compartido en la conversación, cada cortometraje necesitó alrededor de seis o siete locaciones. Radioman incluyó espacios como un carro, lugares relacionados con una emisora y una casa; Medianoche requirió un cementerio, una plaza, una iglesia y una vivienda. A esto se sumaron escenas nocturnas, extras y un equipo cercano a veinte personas, entre áreas de fotografía, cámara, iluminación, sonido, arte y asistencia de producción. El realizador señaló la importancia de procurar una remuneración para quienes participan, aun cuando el presupuesto sea limitado.
Fortich dejó una recomendación para quienes empiezan: pensar las condiciones reales desde la escritura. Una historia con muchas locaciones, escenas nocturnas o numerosos personajes puede aumentar los costos y complicar el rodaje. Por eso, el relato debe ir de la mano con los recursos disponibles. Reducir escenarios o ajustar algunas acciones no significa renunciar a la creatividad; puede ser una manera de hacer viable el proyecto y cuidar el trabajo del equipo.
Cuando termina la grabación, el proceso continúa. El montaje organiza las imágenes y define el ritmo; la corrección de color construye la apariencia visual, y la mezcla de sonido integra voces, ambientes y música. Estas etapas están relacionadas; un cambio en la edición puede modificar decisiones posteriores. La película tampoco termina cuando se exporta el archivo final. Su circulación requiere buscar festivales, proyecciones y plataformas donde pueda encontrar espectadores. En la charla se mencionó el crecimiento de la audiencia de Radioman, aunque la cifra y la plataforma deben confirmarse antes de publicarse como un dato definitivo.
Para explicar el trabajo audiovisual, el realizador recurrió al mito de Sísifo: como el personaje que vuelve a empujar una piedra cuesta arriba. “Quien hace cine comienza de nuevo con cada proyecto. La diferencia es que cada experiencia deja aprendizajes para la siguiente”. Esa idea también se relacionó con el uso de la inteligencia artificial. “La herramienta puede apoyar algunas tareas, pero no sustituye la práctica, la escritura ni la capacidad de desarrollar una mirada propia. Aprender a contar historias sigue dependiendo de observar, probar, equivocarse y volver a trabajar”, expresó Fortich.
El camino de un cortometraje está compuesto por decisiones creativas y prácticas. Una anécdota puede convertirse en una historia, pero hacerla realidad exige planificación, recursos, colaboración y persistencia. Volver a empezar no significa repetir exactamente el mismo recorrido: significa aprovechar lo aprendido para que la próxima idea tenga más posibilidades de llegar a la pantalla y encontrarse con su público.



